¿Por qué hablamos de discriminación interseccional?
Las mujeres con discapacidad viven una situación específica derivada del cruce entre género y discapacidad. No es solo ser mujer. No es solo tener una discapacidad. Es la interacción de ambos factores en una sociedad todavía marcada por el patriarcado y el capacitismo.
Esta realidad genera una mayor exposición a:
- Estereotipos y prejuicios.
- Infantilización y sobreprotección.
- Menor acceso a educación y empleo.
- Mayor riesgo de violencia.
- Dependencia económica y social.
La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad reconoce expresamente que las mujeres y niñas con discapacidad están sujetas a múltiples formas de discriminación y exige medidas específicas para garantizar sus derechos.
Educación y empleo: una brecha más profunda
Los datos en España muestran una realidad preocupante:
- La tasa de actividad de las mujeres con discapacidad es muy inferior a la del resto de mujeres.
- 1 de cada 3 mujeres con discapacidad en edad de trabajar está en paro.
- Acceden más tarde al empleo que los hombres con discapacidad.
- Se concentran en sectores feminizados y peor remunerados.
Incluso cuando tienen mayor nivel formativo, encuentran más dificultades para acceder a puestos de responsabilidad o promoción.
El empleo no es solo salario. Es autonomía, independencia y capacidad de decisión.
Violencia y vulnerabilidad
Las mujeres con discapacidad presentan un mayor riesgo de sufrir violencia de género, abusos y negligencias.
Factores como la dependencia económica, el aislamiento social o la falta de accesibilidad en los recursos de atención agravan esta situación.
Además de la violencia física o psicológica, existen formas específicas como:
- Negación de apoyos.
- Control sobre ayudas técnicas o medicación.
- Esterilizaciones forzosas (ya prohibidas, pero históricamente practicadas).
- Violencia obstétrica.
Sin accesibilidad no hay protección real.
Derecho a decidir sobre la propia vida
Durante años se ha cuestionado la capacidad de las mujeres con discapacidad para tomar decisiones sobre su sexualidad, maternidad o proyecto vital.
Persisten mitos dañinos: que son asexuales, que no pueden formar pareja, que no pueden ser madres o que no pueden vivir de forma independiente.
Estos estereotipos limitan derechos fundamentales como:
- El consentimiento libre e informado en el ámbito sanitario.
- El acceso a salud sexual y reproductiva accesible.
- La maternidad elegida y con apoyos adecuados.
- La participación en la vida pública y política.
Participación y liderazgo
Las mujeres con discapacidad siguen estando infrarrepresentadas en espacios de decisión política, empresarial y social.
Sin su voz en los espacios de poder, no puede existir una igualdad real.
La inclusión no consiste solo en cumplir cuotas. Consiste en garantizar condiciones reales de acceso, permanencia y liderazgo.
Este 8M: nombrar para transformar
Hablar de mujeres con discapacidad no es fragmentar el feminismo. Es ampliarlo.
Porque los derechos no se dividen. Se garantizan para todas.
La igualdad será real cuando ninguna mujer quede fuera.